Elogio del cieno (diatriba contra la mezquindad)
* A todos los pequeños burgueses, por ser capaces de vivir nuestras ridículas vidas
con un orgullo verdaderamente inexplicable.
Pues todo está en la risa,
nos conviene
mirar también al cieno;
dejarse temblar en sus vapores,
sobrevivir en su fragua alimentándolo.
A aquellos que colgáis de vuestros pies
en la sólida muralla de la noche,
ornatos del terror, propongo un pacto:
¡Amad!
yo seré las manos que recojan
vuestros latidos últimos.
Me conocéis por mi llanto,
escucháis los sonidos del invierno
en mí. Tristes caminos, tristes
a mi paso, blanqueándose
conforme mis zapatos los allanan.
Hombres atados, silbáis
porque el silencio es inhóspito,
pero a lo lejos, allá,
donde el placer se interpone a vuestra imagen,
sois un sonido feliz,
un viento cálido preñado de semillas.
¿Qué saben de vuestras piernas estiradas?
¿Qué del horror que acuna vuestro sueño?
Vuestros párpados moldean
el único horizonte permitido.
Párpados libres, ojos siervos,
¿por qué llorar?
no habéis nacido
y por lo tanto la muerte no os persigue.
¿Por qué pensar?
Solo sois cuerpos de arena,
el volcado en carne de un fantasma.
Sois solo risa,
el cieno todavía no os concierne,
así que os pido:
ya que podéis nacer,
naced.
ya que podéis amar,
amad.
Autor: Ramón Ataz
Hace poco que también lo descubrí yo. De lo poco bueno que hay en la red, Sofía.
ResponderSuprimirUna suerte tenerlo y que se prodigue.
Muchísimas gracias, Sofía, por el honor que me haces al poner este poema en tu blog. Y gracias también a tí, Tempero, por tus palabras.
SuprimirUn abrazo a ambos.
Soy yo la que te doy las gracias a ti, Ramón. Este espacio está a tu entera disposición siempre que te apetezca.
SuprimirUn abrazo
Tempero: Coincidimos. Gracias por dejar tus palabras.
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