Un poema que me impresionó el otro día cuando lo encontré en el blog de Escandar, AQUÍ. Tal como le expresé a su autor allí, pienso que hay que estar muy alejado de ella para poder "describirla" y, sin embargo, observar, sentir cómo el poeta es capaz de doblarse hasta lograr dar con los mecanismo que la evidencian ante los mismos ojos del ser humano que la siente, me puso los vellos de punta. A mí al menos me abrió la puerta a la comprensión de algunas acitudes humanas que hasta entoces no conseguían habitáculo en mis entendederas. Casi cincuenta años en tardar cómo actúa la envidia y qué mecanismos sociales adopta, aun sabiendo de los efectos de su asfixiante humareda y ponzoñosas emanaciones, que hasta los sentimientos más valiosos y las mejores relaciones humanas son capaces de destruir o corromper.
A ver si a base de nombrarla, la matamos de una vez por todas.
envidia
no sabría decirte el por qué de la envidia,
pero me asalta
y es como una manada de termitas que me azota por dentro
y me corroe como las ratas cuando tienen hambre,
o como el ácido deshaciéndose en mis mejillas hasta dejar
el pómulo en hueso y carne
ya no sé si muerta
o viva.
y es pesada como tragar plomo
o beber mercurio.
o como si un domingo de insomnio
a las 4 de la mañana
me quedara sin tabaco.
y no sé, la envidia, a cuento de qué
pero viene y es como un katrina de suciedad
y cartones mojados
que me plastifican las costillas por dentro
mientras siento miedo
sobre todo
de mi mismo.
de lo que soy capaz de hacer y aun más
de lo que ni siquiera me atrevo a intentar
pese a todo:
aunque no tenga nada que perder
sigo encerrado en mis propios prejuicios
como si así
pudiera sentirme a salvo
de tener que conceder explicaciones.
así que no sé a qué la envidia cuando viene
pero viene
y deja la vergüenza de mi escuálida desnudez
tiritando de frío en mitad de un baile de disfraces
al que no he sido invitado
y tampoco soy bienvenido.
y me va consumiendo como la pólvora
o los años,
y me riega de cenizas los principios
mientras apuesto por el gris
contra la dictadura de los arco iris.
temeroso del grito y su periferia
me escondo en el silencio
de mis estupideces.
y de mis miserias.
y tú me preguntas qué ocurre
y yo pienso: si tú supieras
y supieras cuánto puedo llegar a estar de podrido...
así que perdona
si ves que te miro
con gesto radiofónico al ausentarme
cuando a veces me buscas para mecer tu risa en mis labios
y yo me agacho
como al que se le han caído unas monedas
y las sigue rodando.
hasta que me presente limpio a tu fiesta
por favor, no vengas a buscarme.
no quiero que me veas chapotear entre mi propia mierda
mientras trato, como siempre, de no ahogarme.
(Muchas gracias por permitirme compartirlo aquí, Escandar. Discúlpame, por favor, no sé si prefieres que te nombre como Escandar-algeet o como tayler durden, por eso escribo los dos.)
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