Fackel, muy amablemente , me ha permitido hacer uso de su magnífico texto para elaborar esta entrada. Nada más leerlo esta mañana, me impresionó especialmente, y me gustó en la misma medida. Al pairo de su lectura, probablemente motivada por haber conseguido "saciar mi sed" a través de él, recordé esa fotografía con la que lo acompaño.
Aquí el espléndido blog de Fackel: La antorcha de Kraus Ésta, la entrada donde lo encontré
Muchísimas gracias, Fackel.
"siempre me ha parecido que un poema es toda una experiencia, le replico; sin duda, dice y retoma el hilo, y no solo leerlo, como señalaba Wallace, que lo es también; y como lo leas y a quien se lo leas; porque, a ver, ponte a pensar en ello: el autor, ¿cuántas veces se recita a sí mismo sus propios versos?; escribir un poema es ya una recitación; ese esfuerzo inicial de extraer de la materia difusa que lleva dentro de sí elementos que le digan algo; luego, separar la ganga de la mena; y ese tira y afloja, el abandonar y el ponerse de nuevo, la confusión y la certidumbre, la bruma y la luz que le sucede, la parada y el paso nuevo; en definitiva, una tensión entre la voz que es muda y el silencio que habla; llegar al punto en que lo que intuía y deseaba prospectar se ha convertido en el significante; y ese punto puede ser una ilusión, pero es la ilusión que el perseguía; y en ese proceso ¿no hay acaso una declamación incesante que se crea y se destruye a sí misma?; ¿en qué punto da por hecho un poeta que tiene terminada su obra?; ¿reside en el corpus de intenciones y significados que le han impulsado o en la musicalidad que en un momento dado parece que le remitiera al comienzo?; eso querría decir que la música y la poesía estarían unidas por alguna suerte de vínculo y se reencontrarían en algún recóndito territorio de su expresión, me atrevo a apostillarle; acaso, dice, si alguna vez soy capaz de ocupar ese espacio misterioso y sin fondo, te lo diré, pero mientras me dedico a la experiencia de leer los poemas para experimentar lo que dicen; es en ese momento cuando traspaso la frontera sintáctica y percibo los objetos, los paisajes, las almas, sus pasiones; ya no leo siquiera, me he aislado de la capa que envuelve y palpo cada acto que existe allí, dentro del poema; ha puesto sus dedos en la cristalera y ha jugado a rozar extraños reflejos en la ventana"

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