El regreso
Por el camino de los juncos, por la colina junto al río, ya se ve llegar a Ulises el que partió, a Simbad sin barco ni ricas mercancías. Vuelve a la isla de su infancia, al sol que vio nacer. Le saluda el viento entre las ramas: "¿No eres tú aquel que partió a ver mundo, no eres aquel que una noche, cuando hasta la luna yacía arropada bajo oscuras nubes, abandonó hogar, familia y amigos?" Los gorriones, inteligentes, rebuscando en su bolsa alguna miga de pan duro, creen reconocerlo. "¿No eres tú aquel que soñaba aventuras y reinos perdidos, que nos hablaba de voluptuosos perfumes, de ciudades de Egipto?"
Y él responde, "Tristeza, solo encontré tristeza".
Ya llega a la puerta antigua, la de la muralla de ladrillo y cerámica, las ventanas que visitó cuando el cielo era joven y hacía poco que las islas flotaban en el mar. A esa, en la que arde una luz, se asoman unos ojos: "¿No eres tú aquel que prometió amor eterno, eterno cariño? ¿No eres aquel que dijo que volvería? Cuántas noches soñé que regresabas a matar a mis pretendientes, a reclamar mi corazón para siempre tuyo. Mas se secó esperándote, lo mató la certeza de que habías encontrado otros rizos en los que perderte, unos pechos más dulces donde posarte.
Y él piensa: "Tristeza, solo encontré tristeza".
En la casa todo sigue igual, ni las mesas ni las paredes se han movido. Tal como los huesos de un esqueleto, tampoco cambian de lugar. El perro viejo y ciego reconoce su olor: "¿No eres aquel niño que jugaba conmigo, que me lanzaba una pelota de cuero, me rascaba detrás de la oreja? ¿No me dejabas dormir en tu misma cama y me llevabas, todos los abriles, a oler las flores de los jardines? Las personas de esta casa murieron. Todos se fueron, solo quedo yo".
Y él lo acaricia, se sienta en un viejo cojín. Perdidos amigos y nave, perdido el amor en un mercado de Tiro, perdida la sabiduría de tanto buscarla, tan solo le quedaba Ítaca, su viejo sueño, su regreso tantas veces retrasado, un retorno al tiempo de esperanzas cálidas y caricias despreocupadas.
Y el polvo y las arañas asentados en la casa se acercan curiosos al intruso: "¿Y tú, has encontrado ya el asiento que buscabas?"
Y él responde: "Tristeza, donde me he sentado lleva el nombre de tristeza".
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Autor: Antonio el mentiroso.
Su blog: The liar's lair
Muchas gracias, Antonio.

Muy buen disparo, Sofia, belleza endolumínica en estado puro. También es magnífico el texto que acompaña.
ResponderSuprimirAbrazos entre luces
Me alegra que así la veas, Ilkhi.
SuprimirMuchas gracias por tu visita y por tus palabras.
Un beso
P.D. Estoy segura de que Antonio se alegrará mucho al leer tus palabras sobre su texto.