No sé cómo presentar esta entrada sin aludir a una cuestión personal, así que obviaré todos los convencionalismos: al soneto le debo mi fe en la poesía, desde los 12 años, y más actualmente, los últimos cuatro años de mi vida en torno a ella. Sin exagerar. Sé positivamente que si no me da, llamada por su son, por adentrarme en la búsqueda de algunas claves históricas y literarias sobre esta señera estrofa, hoy no estaría en este lugar, con este teclado y ordenador dedicándome a escribir esta entrada. Puede imaginarse así por qué, aunque no es una estrofa que haya practicado ni con mediana asiduidad como escritora, sí me habla profundamente cuando la contemplo escrita por otros autores. Aunque evidentemente, no todos los sonetos me sirven, ni por perfectos ni por imperfectos. La historia del soneto y yo pasa por mis gustos como lectora, como ser humano receptor de la poesía de escrita por otros, y también por mi implicación en la vida, así, "en general".
De alguna forma el soneto me armó y de alguna forma también el soneto me habla de cómo se arman los otros; o se desarman.
Cuando descubrí los de Raúl Campos, hace ya como seis meses, dudé en leerlos. El hartazgo ante el encuentro de tantos y tantísimos sonetos escritos por autores como simple ensayo versificador y, debo reconocerlo, cierto resentimiento contra una forma muy extendida de utilizar esta estrofa, que en esencia la sitúo dentro mía como una especie de "ara pacis", me predisponía contra ellos en general, contra este libro en particular. Pero al final me decidí y termine por descargármelo y leerlos.
Menos mal que lo hice. Al final el soneto, esta vez de la mano de Raúl Campos, volvió a darme la alegría.
CIEN SONETOS y ni uno sólo con desperdicio. Cien sonetos de pleno siglo XXI y en todos poesía, no mera versificación. Ahí está la clave y ahí está para mí el mérito de su autor, el esfuerzo que casi nadie se atreve (tal vez no pueden) a llevar a cabo, es decir, el de darle sentido al uso de una estrofa con siete siglos de práctica a sus espaldas.
Aquí, el enlace al blog de Raúl. En él, en la barra de la derecha, pueden encontrarse los enlaces para su lectura o compra del libro que los reúne. Dejaré además habilitado un enlace permanente a la derecha.
Abajo su portada, después, un soneto que entre los cien he elegido para esta entrada, y abajo del todo una fotografía de mi autoría.
Un frugal instante de hermosura
No se consiguen a salto de mata
aciertos que subyuguen la belleza,
ni suele andar en cotas de proeza
el arte con andares de bravata.
Forjar nunca es un golpe a la piñata,
sino arduo recortar de la maleza
que cerca la ternura y la fiereza
de la obra que te encumbra y te maltrata.
Hacedor es aquel que busca el modo
de encontrar el Olimpo en su casona
para hacer del delirio su amargura.
Hacedor es aquel que cambia todo,
incluidas su esencia y su persona,
por un frugal instante de hermosura.
Autor: Raúl Campos


Podría decir muchas cosas, pero sólo diré una: gracias.
ResponderSuprimirRaúl, gracias a ti, por escribir tus sonetos y por ser tan generoso conmigo al incluir el enlace a mi blog en el tuyo. Ambos sabemos que ha sido un intercambio sin previsión, un algo espontáneo y coincidente, y por eso me alegra.
ResponderSuprimirParece que la Poesía siempre encuentra el hueco para hacerse, a pesar de los impedimentos que se le ponen.
Un beso enorme
La consigna siempre es matar a poeta (o al pianista), pero no les vamos a dejar hacerlo esta vez.
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