Le faltaba a la fuente un banco, un asiento a su lado que incitara a cualquiera a poder quedarse para oírla cantar, o para refrescarle, piel y conductos internos. Y la editora de este blog ha encontrado una silla de anea que a la fuente le viene como anillo al dedo. Uno a uno, una a una, como las gotas. Asiento uno y común, asiento de la tierra.
Reproduzco el asiento número dos del blog en el que Tempero va solazándonos con lo que por dar, nos queda: lo dejaré enlazado en la columna de la derecha.
Muchas gracias, Tempero.
Hay que oír la música, las piezas musicales con las que acompaña sus entradas, pero además, lo recomiendo por el valor de ellas mismas.
Asiento número dos
(Autor de la Fotografía: Tempero)
Entre tanto
una rama seca me da la espalda.
El estío diseñado en todo árbol
que pronuncia agua y que no le llega.
La encina en lo más alto y en lo más vivo,
la encina en su quemazón de años,
en sus desgajados capilares.
Pero la encina nueva y su granero de raíces,
continua forma de hablar del fruto.
Tengo siempre quien me habla por detrás
mientras ahondo suave hacia adelante.
Hablar y ser solo en el campo
empieza ya a ser categoría de pocos.
Porque,
¿quién la emprende con un árbol
que todos los días hace de fuente hasta el participio?
Vivido no es que pasen doscientos,
por poner un ejemplo en años, vivido
es entender que no hubo renuncia al frío,
que el sol jamás fue un enemigo
y que el agua, si amaga, ya es un sentir.
¿Y quién la emprende así ahora?
Autor: Tempero
Este, su blog "Desde mi silla de anea"

Amo a esa silla, la soleá, la soledad, los tiempos lentos, el buen flamenco. Lo que trato es dar un mínimo.
ResponderSuprimirGracias, S.S.
Pues con ese mínimo haces un todo.
ResponderSuprimirUn beso, y gracias otra vez, Tempero.