Todos lo homenajemos hoy, es tan humano como entrañable, la única forma que tenemos de decir, ¡te queremos, José! Pero otros, otros ya lo hicieron en su vida. Yo he tenido la fortuna de toparme con una de esas personas hace tan sólo un par de días. Es Pedro Gollonet, poeta. Sin apenas conocernos, por circunstancias que no vienen al caso, ha sido él el que me ha comunicado hoy la noticia de su fallecimiento... me decía, "un amigo mío ha muerto, Jose luis". Al leer, rompí a llorar y sólo se me courrió contestar, "¡¿tú amigo?!...¡era mi amigo también!", y seguir llorando. Ninguno de los dos sabíamos que compartíamos su amistad. Después he recordado que tengo el poema que a él le dedicó.
La fotografía la disparé el año pasado, un 23 de abril, día del libro, en Madrid, justo al día siguiente de conocer por primera vez a José Luis Zúñiga, en persona, yo, que ni siquiera lo conocía por los blogs. Entonces le disparé la fotografía que luego, felizmente para mí, decidió usar para su disco. Esa fotografía la titulé: "I-see", "yo veo", por la escena de la fotografía, en la que aparece mirando el móvil de Santiago Tena.
Pedro, tu poema se titula "duda". Se me ocurre comentarte que algunos dudamos sobre ya sabemos qué, pero que sin duda él sí tenía el don. Él sí veía... y miraba, y reparaba en.
Gracias por permitirme hacer uso de tu poema para recordar a José luis en la fuente. Creo que su nombre es el más grande que aparece en las etiquetas, :), así de generoso fue. No fue. ES.
Habilitaré enlace a esta entrada con miniatura de la fotografía para dejarla en la barra lateral, porque sí, porque quiero recordar a José con una flor roja, alegre y reventona, alegría y amor como los que él supo dar para combatir tanta tristeza (y miseria) humana.
Y así combatió y combate, con su don, con lo que dio a manos llenas.
duda
a José Luis Zúñiga, poeta cabal
de puntillas jugando con la duda
e insinuando sus puntos suspensivos…,
y con cautela especulaba
sobre si el no nacer llenaría tanto vacío,
si sería la nada o la única vida que no decepcionara.
Yo le salí al encuentro, sin previa invitación
y con cierta irrefl exión impropia de mis años
–sabedor de que le brota el amor en cada verso,
de que tan sólo jugaba con la nada, la existencia
y esas cosas en las que tantos de nosotros
nos cebamos sin gustarnos, en ratos de ciega soledad
y suave angustia, aunque siempre aguardemos
el hálito fi nal de un verso sutilmente calado de esperanza–
e instalado en esa duda que nos fluye por las venas
le decía que la ansiedad por cada una de la muertes
–porque son varias en las que puedo asegurar que yo he morado–
es el aliento para prolongar esta descabellada historia
y que en esta hora aún me estimulaba nacer y morir
y volver a nacer expirando en cada recodo de mi vida,
porque la nada –con cierto simplismo argumentaba–
no signifi caría, entonces,
que, en ese caso, sería,
lo que nosotros, no,
e inevitablemente habría volado para siempre
–voz que tampoco encajaría en el discurso–
la oportunidad de dolernos
que tanto alimenta nuestro verbo y la memoria,
y hasta la quimera ruinosa de seguir amando,
mucho más de que nos sigan queriendo
–aunque el amor duela ya menos que el tiempo–.
Y en eso que yo también vagaba entre palabras
y me quedé anclado en un verso
que insinuaba que la nada no importa,
porque si lo fuera alcanzaría su esencia
cuando ya no estamos o ni tan siquiera a ser hemos llegado,
con lo que sin consciencia de identidad
la nada en sí misma sería la oquedad trivial de nadie,
absolutamente dependiente de todos.
Y, tan superficialmente ufano,
salí a comprar un poemario
que de la nada me hablara
con sus puntos suspensivos…,
en la certeza de que la vida
siempre la superará en mis versos,
aunque de soledad se preñe
y en cada segundo muera.

Totalmente de acuerdo contigo, Sofía. "Él sí veía... y miraba y reparaba EN" de un modo muy especial.
ResponderSuprimirBesos y abrazos.
Conforta tu llegada, Ilkhi.
ResponderSuprimirUn abrazo inmenso