Reflexiones sobre el evento de Fukushima II
14/03/2011 Autor: Carlos Serra Giráldez
Hoy puede ser el peor día de la historia de Japón.
Aunque es difícil encontrar información fiable en los medios nacionales, podemos estar seguro de que son cuatro ya los reactores con serios problemas en Fukushima. Parece seguro que la contención de uno de ellos, el reactor número 2, está expuesta a la atmósfera y que se ha evacuado a todo el personal no imprescindible de la central. Sólo quedan 50 operarios e ingenieros que saben a lo que se exponen. Los vientos conducen la radiación de vuelta a tierra y la gente empieza a abandonar Tokyo en dirección al Sur u otros países. El perímetro de seguridad se ha ampliado a 30 km, pero me parece insuficiente para lo que probablemente va a ocurrir. El evento nuclear es de escala 6, un escalón por debajo del de Chernóbil, acorde a los expertos franceses de la Autoridad de Seguridad Nuclear Francesa.
La opacidad informativa es muy espesa, hasta el punto de que el propio primer ministro de Japón, Naoto Kan, ha reprendido a varios ejecutivos de la compañía eléctrica que gestiona la central, TEPCO, por haber tardado demasiado tiempo en informarle de que se había producido la última explosión en un reactor. Creo que el gobierno japonés no está siendo adecuadamente informado y por tanto se ve limitado a la hora de gestionar el riesgo y tomar decisiones que, no dudo, tratan de minimizar los daños sobre sus compatriotas.
La información aportada por los medios españoles como los oficiales Consejo de Seguridad Nuclear o el Ministerio de Industria, no digamos ya el infame Foro Nuclear, me parece edulcorada, podada y sesgada. Recurro a medios extranjeros como The Guardian para mantenerme mínimamente informado.
El reactor que más me preocupa, aparte del que expele su radiactividad directamente al exterior es precisamente uno que no estaba en funcionamiento cuando ocurrió el terremoto. A pesar de ello corre gran peligro, pues las barras de combustible gastadas, que aún cuentan con un 96% de uranio y peligrosos nucleótidos en su interior, se encuentran en una piscina de refrigeración cuyo nivel de agua no para de disminuir. Se trata de una situación nueva a la que nadie se ha enfrentado aún: el combustible que corre peligro de fusionarse está situado fuera de la vasija del reactor.
Empiezo a pensar en una evacuación de una metrópolis de treinta millones de habitantes y puede que en una diáspora japonesa por el mundo. Si esto progresa a este ritmo, gran parte del territorio de la isla de Honshu sería impracticable durante varias generaciones. Los caladeros de pesca japoneses, vitales para alimentar a la población, están muy amenazados. Pienso en la dificultad añadida que tendrá Japón, gran potencia exportadora, de vender al extranjero productos elaborados en Japón sospechosos de contener radiación.
Mientras tanto, el Comisario Europeo de Energía cree que la UE debe plantearse si puede prescindir de las centrales nucleares. Como sabeis por mi correo anterior, esto es técnicamente posible mañana mismo en España, pero muy complicado por no decir imposible en nuestro vecino Francia, cuya electricidad es en sus tres cuartas partes de origen nuclear. Tampoco será fácil hacérselo entender a países muy nuclearizados como Bélgica, Lituania o Eslovaquia. Según el CIEMAT, Europa producía en 2002 el 15% de su electricidad con energía nuclear.
Saludos.
Carlos Serra.
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