... y la bala se va sola para arriba...
Ayer me llegó el libro que acaba de sacar mi amigo y compi, pero sobre todo vecino, mi vecino de blog, que es un poco como decir para las personas de mi estilo, éstas que más o menos nos vamos dejando las almas por los blogs, como un vecino de mi alma..."como", no, mi vecino del alma, José Zúñiga.
"Ya veo la bala en mi cabeza" se titula. Yo he tenido que ponerme las gafas, todo sea dicho, pero sólo para leer y así, después, poder darme el gustazo de terminar mandándolas a tomar viento para refregarme bien los ojos, secar mis lágrimas y limpiarme los mocos con lo primero que pillé a mano, que creo que fue la manga de mi bata.
No, no hay escatología, yo es que soy así de bruta o pesada, peso, peso mucho, en todo caso sólo hay esjatología (así, con "jota" de José) del alma viva, del alma de este vecino que tengo, que dicen que un buen vecino vale por mil familias, y eso, bien que lo sé yo, que no soy amiga de ellas por los lugares de la poesía y el arte.
Dejo dos de sus poemas, dos distintos. Uno incluido en la primera parte del libro, uno de ellos, y el otro en la tercera, casa cerrada. La segunda parte me la reservo enterita para mí. Así de egoísta soy.
Por ser franco
En su lecho de muerte me lo dijo
un viejo comunista poco antes de que el cáncer
lo matara: “Yo conocí a tu abuelo,
era un buen hombre”. Y así supe
que tenía un abuelo fusilado.
por fin alguien me hablaba
de su historia. En casa
nunca se hablaba de según qué cosas.
Mi abuelo (me contó) no era anarquista,
tampoco jornalero ni rojo
ni tan siquiera pobre; era lo que hoy diríamos
un pequeño empresario
con su modesta fábrica
de zapatillas hechas
más o menos a mano.
“A veces iba a misa”, recordaba
aquel hombre que fue su compañero
y ateo militante hasta el final,
“cuando entraron
todos tuvimos que salir corriendo
pero él no se movió; nos dijo:
yo, por qué,
no he hecho nada.
Un poco ingenuo era”, concluyó.
Lo mataron al alba, como a todos,
junto al muro del viejo cementerio.
“yo no he hecho nada”, dijo.
No mentía:
había sido franco.
quiero deciros algo
pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Jaime Gil de Biedma
Tarde, tarde, muy tarde: de golpe se ha hecho tarde.
Se ha hecho tarde muy pronto; muy tarde en un suspiro.
Tarde para un abrazo, tarde para un susurro,
tarde para tu espalda, para mi sueño, tarde.
Tarde, tarde muy tarde; de golpe se ha hecho tarde.
ya no habrá océanos, ni salitres ni rocas
ni altas olas ni huellas en blanquísima arena.
Ni siquiera habrá rastros de arena en reloj.
De golpe se ha hecho tarde para mí, y para todo:
para pensar mañanas, para gozar mañanas,
para besar mañanas, para vivir mañanas,
para llorar mañanas. Para mañana. Es tarde.
Se ha hecho tarde, muy tarde; tan tarde que da miedo.
Atrás quedó el anhelo de cuanto fue vivido;
atrás los enemigos y los amigos viejos
atrás, todas las lágrimas. Ruinas sin gloria, atrás.
De repente, un trallazo. Una tarde cualquiera
te haces viejo de golpe y te invade el cansancio.
Ese momento llega de forma inexorable:
nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Una tarde cualquiera se hace tarde de pronto:
a mí se me ha hecho tarde precisamente ahora,
cuando ya tengo canas y los hombros vencidos
por la pesada carga de lo que pudo ser.
Pero nunca rendirse. Sigo vivo y ya es mucho.
habrá que acostumbrarse a vivir cada instante
como si fuera el último, con rabia, con la fuerza
que da el último aliento. Seguir hacia delante.
José Luis Zúñiga, Ya veo la bala en mi cabeza, La séptima palabra/ Ediciones del primor. Madrid, 2011.
Copio colofón del libro (negrita mía).
Se acabó de
imprimir esta
primera edición de
ya veo la bala en mi cabeza
el día dieciocho de marzo de 2011,
centenario del nacimiento de Gabriel Celaya.
TEMPUS FUGIT
Que él se vaya si quiere, el tiempo, que nosotros nos quedamos, AÑADO.
Gracias por haberlo escrito, José.

Me han encantado estos dos poemas, una buena muestra de lo que promete ser un buen libro, y estoy de acuerdo contigo en lo del tiempo, que se vaya si tiene prisa.
ResponderSuprimirGracias, Ángel, me alegra que te gusten, y a José seguro que mucho más (bueno o igual, bueno o más, jeje)
ResponderSuprimirAprovecho para decirte que la presentación del libro es en Madrid el próximo día 25, en el café libertad, a las 7 y 30 tarde. Ojalá yo pudiera asistir.
Un beso
Yo también he leído este libro. Es como si me zambullera en el tiempo y entre balas.
ResponderSuprimirMuy recomendable. Ha sido muy gratificante encontrar la poesía de Zúñiga en LA FUENTE.
Abrazos entre luces.
Hola, Ilkhi, qué acertadamente expresas la misma sensación que obtuve al leerlo: como si me zambullera en el tiempo y entre balas.
ResponderSuprimirGracias por andar por aquí. José es un "viejo asiduo" en la fuente, :)
Un beso
Me habían hablado de ti, José, pero hasta ahora no había leido algo tuyo y me ha llegado "jondo". A ver si mi mujer se pone las gafas y le despisto el poemario.
ResponderSuprimirUn fuerte abrazo.
jeje, gracias por pasarte a-nó-ni-mo "eme", :D
ResponderSuprimirluego te daré le beso, ;)